
Fertilización nitrogenada: equilibrio clave para maximizar el forraje sin riesgos
La fertilización nitrogenada es clave para producir más pasto y aumentar la carga animal, pero no mejora la calidad nutricional ni la ganancia de peso individual. Qué recursos priorizar en otoñ...
La fertilización nitrogenada es clave para producir más pasto y aumentar la carga animal, pero no mejora la calidad nutricional ni la ganancia de peso individual. Qué recursos priorizar en otoño y cuáles son los riesgos tras el abrupto cambio de la sequía al exceso de humedad, según Oscar Bertín.
Oscar Bertín
Ante la alta variabilidad actual de las lluvias, el Ing. Agr. Oscar Bertín explica qué hay que tener en cuenta a la hora de fertilizar verdeos, pasturas y pastizales en la región pampeana. ¿Dónde agregar nitrógeno? ¿Qué pasa si el forraje está aguachento? ¿Cuál es la diferencia en kilos de carne?, son algunos de los puntos que aborda, reproduciendo las consultas que recibe de los productores.
“La respuesta positiva a la fertilización nitrogenada es muy conocida en cuanto a cantidad de pasto y la posibilidad de aumentar la carga, si tenemos los animales para comerlo. Esto redunda en más kilos de carne por hectárea, la clave del sistema”, afirmó Bertín, en diálogo con Valor Carne. Pero desde el punto de vista de la calidad nutricional y la ganancia de peso individual, son aspectos menos difundidos: “La aplicación de N no siempre trae buenas noticias ya que su impacto es escasísimo y en algunos casos nulo”, anunció.
En tal sentido, ensayos realizados por el especialista refieren a esta limitante, sobre todo en otoño. Por ejemplo, en un verdeo de raigrás con novillitos en recría se pasó de 878 a 916 g/día, aumentando de 50 a 100 kg/ha de N. Y en una gramínea perenne, una festuca pura, sin N se obtenían 616 gr/día mientras que incorporando 200 kg/ha se alcanzó apenas a 677 g/día. “Estadísticamente, no hallamos diferencias significativas”, aseveró.
¿Por qué se dan esas bajas ganancias de peso? “Eso depende de la calidad nutricional y ésta del equilibrio entre carbohidratos y nitrógeno, un balance que se puede alterar por distintas variables. Como el N es un nutriente móvil en el suelo, o sea, se mueve con el agua, en los últimos días, por ejemplo, se vio afectado por variaciones abruptas de las lluvias, que son cada vez más frecuentes con el cambio climático”, respondió.
En condiciones normales, el N del suelo es transformado en proteínas por las plantas. “Pero cuando hay sequías prolongadas la planta no crece, por lo tanto, no extrae nitratos y estos se van acumulando. Luego, si llueve abundantemente, hay un crecimiento brusco y el cultivo incorpora esos excesos. Ahí aparece el famoso problema de toxicidad, muchas veces sin fertilización”, advirtió Bertín.
Animales en pastoreo de festuca alta.
La intoxicación por nitratos podría ocurrir tras las recientes lluvias torrenciales en el sudeste pampeano e incluso en el norte de la región, donde no fueron tan extremas, cayeron unos 120-140 milímetros, luego de una temporada seca.
Sin llegar a esos riesgos, “el exceso de nitrógeno frente a los carbohidratos, la fuente de energía de las plantas, implica un desequilibrio que es la causante de las bajas ganancias de peso en los animales”, sostuvo. Además, como las proteínas tienen alto contenido de agua, el forraje resulta aguachento. “En concreto el pasto crece mucho, tiene mucha agua, mucha proteína, pero bajos carbohidratos. Y la aplicación de fertilizante en ese período puede acentuar la problemática”, agregó.
Así las cosas, ante un verdeo o una pastura desequilibrados, sobre todo si se fertiliza, hay que apelar a un suplemento de alta calidad como fardos o rollos de alfalfa, o incluso maíz, que compensan el faltante de carbohidratos.
Dónde y cuándo
En este marco, una duda frecuente, aún en campos avanzados, es dónde pongo el nitrógeno. “Es probable que si salen de agricultura haga falta en todos lados. Pero para hacer un orden de prioridad en cultivos forrajeros hay que privilegiar aquéllos que tienen mayor potencial de crecimiento en invierno de modo de aprovechar al máximo el agregado del nutriente”, aconsejó.
Con ese objetivo, en el primer lugar está la avena seguida por el raigrás, la festuca, el pasto ovillo y, en menor medida, el agropiro.
Otra cuestión a tener en cuenta es que, si se trata de una mezcla de especies, la fertilización nitrogenada puede beneficiar a las gramíneas, pero ser contraproducente para las leguminosas. “Hay que ser muy cuidadoso con el uso del N porque esas leguminosas nos aportan el nutriente a bajo costo o costo cero ya que lo fijan de la atmósfera”, indicó.
La presencia de una leguminosa incluso puede cambiar el orden de prioridades. “Si tenemos una festuca asociada a una alfalfa o a un lotus y, por otro lado, un agropiro solo -generalmente va en suelos desfavorable para leguminosas-, el nitrógeno hay que ponerlo ahí y no en la festuca consociada”, explicó.
Asimismo, el nitrógeno en los pastizales naturales es trascendente. “Aplicarlo en pequeñas dosis nos permite lograr que el raigrás se resiembre rápidamente y que no terminemos teniendo pasto a fines del invierno. Con la promoción podemos anticipar su crecimiento”, ratificó.
¿Conviene aplicar N en otoño? “Los productores entienden que la respuesta es mayor a la salida del invierno que a principios del otoño, en cuanto a kilos de materia seca respecto a kilos de nitrógeno puesto. Pero tener pasto en abril, mayo, cuando las alfalfas de primer y segundo año no produjeron, están muy ralas, faltan plantas, por la reciente sequía, es estratégico para las necesidades del sistema. Y esto es lo primero a tener en cuenta”, aseveró.
Manejar con cuidado
Bertín reiteró que el N hay que emplearlo para aumentar la cantidad de pasto, pero no poner de más ni de menos. “En cuanto a la calidad, no pasarnos a extremos, ni mucho ni poco, porque puede haber desequilibrios. En ambos casos puede ser malo para el animal e incluso afectar el ambiente”, subrayó.
Si se está en períodos posteriores a excesos de lluvias, como sucede actualmente, puede ocurrir que no haya nitratos en el suelo. “Se han lavado, se han ido con el agua, hay que agregar N. A su vez, si ponemos demás y llueve en exceso, también tenemos problemas. El nitrógeno se nos va a las profundidades del suelo, de ahí a los cauces de agua y de ahí a los ríos. Además de contaminar estamos perdiendo eficiencia en nuestro sistema”, alertó.
¿Hasta dónde se puede incorpora N? “Más allá de que los análisis del suelo nos den bien, con buen contenido en N, si la concentración de nitratos en las plantas es muy alta, mayor a 0,4%, pueden ocurrir desórdenes metabólicos en los animales”, avisó.
Para finalizar, Bertín resaltó la importancia de gestionar los cultivos forrajeros para lograr resultados positivos con la fertilización. “Hay que partir de una buena implantación de los verdeos y un buen manejo de las especies perennes. Sobre esta base, aplicar N en abril, hasta mediados de mayo, antes de los fríos, permite aprovechar el período de crecimiento para lograr pasturas foliosas, densas, con gran contribución de tejidos vivos, que garanticen altas producciones de carne”, concluyó.
Por Ing. Agr. Liliana Rosenstein, Editora de Valor Carne
Fuente: valorcarne.com.ar
La entrada Fertilización nitrogenada: equilibrio clave para maximizar el forraje sin riesgos se publicó primero en De Frente al Campo.